domingo, 18 de febrero de 2018

Las tentaciones del Señor

Cada primer domingo de Cuaresma, señalándonos aquello mismo que ahora todos vamos a vivir, se proclama el evangelio de las tentaciones del Señor en el desierto.


Este evangelio, situado así al inicio del desierto cuaresmal, marca lo que la Iglesia entera va a vivir: la lucha de los catecúmenos para prepararse a su inmediato Bautismo en la Vigilia pascual; la lucha de los penitentes hasta alcanzar la Reconciliación en la mañana de Jueves Santo; la lucha de los fieles para vivir renovados y purificados el Triduo pascual.

Hacemos aquello mismo que hizo el Señor: enfrentarse al mal, apartándose de todo para entrar en el desierto y comenzar la Pascua como Israel; del desierto a la patria, de la lucha a la victoria.

El cual, al abstenerse durante cuarenta días de tomar alimento,
inauguró la práctica de nuestra penitencia cuaresmal,
y al rechazar las tentaciones del enemigo
nos enseñó a sofocar la fuerza del pecado;
de este modo, celebrando con sinceridad el misterio de esta Pascua,
 podremos pasar un día a la Pascua que no acaba
(Prefacio I domingo Cuaresma).

viernes, 16 de febrero de 2018

El bien de la paciencia (San Cipriano, I)

Tras haber visto el más antiguo tratado sobre la paciencia, el del escritor africano Tertuliano, pasaremos a leer el trabado "sobre el bien de la paciencia" de San Cipriano, el obispo africano de Cartago, mártir en el s. III.


Al considerar, bajo diferentes argumentos, la virtud de la paciencia, hemos de desearla, entenderla, asimilarla, por lo importante que es que logremos ser "hombres virtuosos", esto es, no tener un acto de paciencia una vez aislada, en alguna ocasión, sino ser siempre pacientes.

Con la paciencia, su raíz, su objeto, su fin, alcanzaremos los bienes definitivos. Sean éstas unas catequesis patrísticas de verdad morales, educando nuestro ser en la moral cristiana, no en el moralismo, y pidiendo desde ya el don de Dios en los corazones.



"1. Habiendo de tratar de la paciencia, hermanos amadísimos, y debiendo ponderar sus beneficios y ventajas, por dónde empezar mejor que diciéndoos que ahora mismo necesito de la vuestra para escucharme, pues sin ella no podéis oírme ni aprender de mí; un razonamiento bien concertado se capta con provecho y eficacia cuando se escucha con paciencia. Y, a la verdad, no encuentro un razonamiento más útil para la vida o más eficaz para la gloria que practicar por completo la paciencia siguiendo los preceptos del Señor con espíritu de temor y de entrega.

lunes, 12 de febrero de 2018

La vida eucarística - I

            Sean las palabras del Papa pronunciadas al inaugurar el Año de la Eucaristía, las que igualmente nos sitúen para vivir la Eucaristía celebrada y adorada. Así, con sentido de Iglesia, abriremos el corazón al horizonte eucarístico.

            “Sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo” (Mt 28,20).



            Reunidos ante la Eucaristía, experimentamos con particular intensidad en este momento la verdad de la promesa de Cristo: ¡Él está con nosotros!

            El punto de encuentro es Jesús mismo, realmente presente en la Santísima Eucaristía con su misterio de muerte y resurrección, en el cual se unen el cielo y la tierra, y se encuentran los pueblos y culturas diversas. Cristo es “nuestra paz, haciendo de los dos un solo pueblo” (Ef 2,14).

            ¡Misterio de luz! De luz tiene necesidad el corazón del hombre, oprimido por el pecado, a veces desorientado y cansado, probado por sufrimientos de todo tipo. El mundo tiene necesidad de luz, en la búsqueda difícil de una paz que parece lejana al comienzo de un milenio perturbado y humillado por la violencia, el terrorismo y la guerra.

sábado, 10 de febrero de 2018

Lo nuestro es la santidad

Simplemente, y para pensar:

"Así pues, leemos que está escrito: 'Sed santos, porque yo soy santo, dice el Señor Dios'.

No se ha de poner sin más la semejanza de la santidad en Dios y en los hombres: pues de Dios se dice que es 'santo', mientras que los hombres, como si no lo fueran siempre, se les manda que 'se hagan santos'.

En griego, donde nosotros tenemos 'sed santos', esta expresión más bien suena 'haceos santos'. Pero nuestros traductores pusieron indiferentemente 'sed' por 'haceos'. Cada uno de nosotros, pues, desde que llega al temor de Dios y recibe en sí la divina doctrina, desde que se consagra a Dios, si de corazón se ha consagrado, se vuelve por ello 'santo'. Este puede decirse 'santo santificado'; pero verdaderamente y siempre 'santo' sólo es Dios.

¿Quieres que, por medio de las divinas Escrituras, muestre la diferencia? Escucha de qué modo se expresa Pablo, escribiendo a los Hebreos: 'El que santifica y los que se santifican, proceden todos de uno solo'.

jueves, 8 de febrero de 2018

El mundillo intelectual (y también la teología)

Para que la intelectualidad sea tal, y no degenere en ideología, o en un pensamiento débil, que se mueve al compás de las modas y los tiempos, renunciando a la Verdad, podremos intentar hoy asimilar los conceptos que Benedicto XVI nos ofreció en una homilía.

La Verdad nos ha sido dada, se nos ha entregado, se ha revelado. Es, por tanto, un Don. Pero hoy, decir que se conoce la Verdad en la Persona de Cristo, ¿no suena a intolerancia?, ¿no nos llegamos a creer que somos intolerantes? ¿No disimulamos acaso, señalando que cada uno tiene "su verdad", y que es respetable?

La Verdad, por definición, es una y a ella hay que aspirar; en ella vivimos y la verdadera intelectualidad, el pensamiento, la cultura, deberá profundizar en sus abismos y dejarse sanear por la Verdad.

"Si leemos hoy, por ejemplo, en la Carta de Santiago: «Sois generosos por medio de una palabra de verdad», ¿quién de nosotros se atrevería a alegrarse de la verdad que nos ha sido donada? Nos surge inmediatamente la pregunta: ¿cómo se puede tener la verdad? ¡Esto es intolerancia! Los conceptos de verdad y de intolerancia hoy están casi completamente fundidas entre sí; por eso ya no nos atrevemos a creer en la verdad o a hablar de la verdad. Parece lejana, algo a lo que es mejor no recurrir. Nadie puede decir «tengo la verdad» —esta es la objeción que se plantea— y, efectivamente, nadie puede tener la verdad. Es la verdad la que nos posee, es algo vivo. Nosotros no la poseemos, sino que somos aferrados por ella. Sólo permanecemos en ella si nos dejamos guiar y mover por ella; sólo está en nosotros y para nosotros si somos, con ella y en ella, peregrinos de la verdad.

Creo que debemos aprender de nuevo que «no tenemos la verdad». Del mismo modo que nadie puede decir «tengo hijos», pues no son una posesión nuestra, sino que son un don, y nos han sido dados por Dios para una misión, así no podemos decir «tengo la verdad», sino que la verdad ha venido hacia nosotros y nos impulsa. Debemos aprender a dejarnos llevar por ella, a dejarnos conducir por ella. Entonces brillará de nuevo: si ella misma nos conduce y nos penetra" (Benedicto XVI, Homilía, 2-septiembre-2012).

Con esto se disipa sin lugar a dudas el relativismo, la dictadura del relativismo que ha crecido de manera alarmante y tiránica.