miércoles, 13 de diciembre de 2017

Vocación a la santidad (Palabras sobre la santidad -XLIX)

Hay un capítulo en la Constitución dogmática Lumen Gentium, del Concilio Vaticano II, que se titula "Universal vocación a la santidad", en el cual, a partir del n. 39, expone cómo "todos los fieles, de cualquier estado o condición, están llamados a la plenitud de la vida cristiana y a la perfección de la caridad, y esta santidad suscita un nivel de vida más humano incluso en la sociedad terrena" (LG 40).

Releer ese capítulo, una y otra vez, predicarlo, enseñarlo, rezarlo, hace mucho bien y orienta de modo claro.


Esa convicción da luz a toda eclesiología, a todo camino espiritual: la santidad no es un camino inaccesible, reservado a unos pocos, "este ideal de perfección no ha de ser malentendido, como si implicase una especie de vida extraordinaria, practicable sólo por algunos « genios » de la santidad", decía Juan Pablo II en la Novo millennio ineunte (n. 31).

La vocación a la santidad es universal, engloba a todos los bautizados, es la característica general del pueblo cristiano, sea cual sea el estado de vida cristiano en el que uno se encuentre. Son afirmaciones conciliares de largo alcance que resitúan la perspectiva pastoral y el camino de la Iglesia; con palabras de Juan Pablo II, valorando este capítulo V de la Lumen Gentium:

martes, 12 de diciembre de 2017

Ante Cristo Humilde

La Encarnación del Señor, para quien sabe mirar, revela hasta qué punto Dios es humilde y la misma Encarnación es un acto de la humildad del Verbo.


Sobran discursos para convertirnos en humildes, de manera moralista y obligatoria: quien ama a Cristo se irá pareciendo a Él, ya que el amante se identifica con su Amado y tiende a adoptar sus costumbres, haciéndose uno con Él.

Así, al considerar la humildad y tratar de entenderla, es inevitable ir a la Fuente de la humildad, que no es otra sino la Encarnación del Verbo, hasta asumir por completo y de manera irreversible nuestra humanidad. El corazón entonces desea participar de ese modo de ser del Amado Jesucristo.

"Humildad de Cristo

El Verbo solo en efecto zanja todos los dilemas y despeja todas las dudas que suscita una palabra sobre la humildad. Para saber lo que es, no hemos de buscarla en nosotros, sino producirla en nosotros. Para producirla en nosotros, una sola mirada basta -una mirada hacia la cruz. No hay un lugar tan bajo, un abismo tan profundo, un cenegal tan hundido que desde ellos no se pueda levantar la vista hacia la cruz, y ver en ella la humildad verdadera. Por eso la cruz fue levantada. De ella y hacia ella debe provenir toda palabra sobre la humildad, como palabra de la humildad. Porque la paradoja de la humildad, a la vez visible e invisible, es ésta misma de la cruz. Sobre la cruz fue clavada la "verdadera pobreza, desnuda y débil". Cada uno sueña con ver la verdad al descubierto. Al descubierto, lo estuvo, una vez y para siempre, sobre el Gólgota. Y porque lo estuvo, permanece desconocida e ignorada. Porque esta desnudez era la del sufrimiento y la humildad. Si la humildad mantiene los ojos bajados, por un instante los levanta, y en el cielo entero sólo ve la cruz, que le basta.

domingo, 10 de diciembre de 2017

La paciencia (Tertuliano - XIV)

Los ejemplos de los santos nos sirven para confrontar su experiencia con la nuestra, viendo así cómo la Gracia los ha convertido en santos y ellos mismos han respondido adecuadamente a tanta Gracia.


En los santos, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, así como los innumerables santos de la Iglesia entera, atestiguan con su vida diferentes circunstancias y modos de vivir la paciencia: leer sus biografías es recibir una enseñanza constante.

Para Tertuliano, la paciencia se ve reflejada en los santos y así son para nosotros ejemplos y modelos para vivir esta virtud, adquirirla y desearla.


"Capítulo 14: Grandes modelos de paciencia
Contando con las fuerzas de la paciencia, Isaías no dejó de profetizar del Señor sino cuando fue aserrado vivo. 

San Esteban, mientras era apedreado, pedía perdón para sus enemigos (Hch 7, 59-60). 

jueves, 30 de noviembre de 2017

El perdón y los enfermos (Bloy)

Sorprendería, para este mundo de "valores" y de "políticamente correcto", la aparente resistencia de Jesús en sus curaciones. ¡Sólo se le ocurre perdonar primero los pecados! ¿No sería primero curarlo, restablecerlo, y luego... si hace falta... lo de los pecados?


Resulta que no, que al Señor más le importa la realidad del pecado y la destrucción que ejerce sobre el hombre, antes incluso que devolver la salud física.

Escribe León Bloy:


"No siendo el mal físico más que una consecuencia del pecado, Jesús empieza siempre por perdonar los pecados del enfermo que se le presenta, y carga con este peso. El enfermo, entonces, es curado de repente. Pero su mal no es más que desplazado. Está ahora sobre la Persona del Cristo, con los pecados que acaba de asumir" (Diarios, 15-diciembre-1894).

domingo, 26 de noviembre de 2017

Pronunciar una palabra (teológica) sobre la humildad

Cualquiera de nosotros, en cuanto discípulos del Señor, estamos en una escuela donde el Maestro es Cristo que con su Espíritu, nos va educando en la humildad.


¿Cómo? Bajo la Palabra divina, el hombre aprende a domar sus pasiones, reconocer su nada y dejar que brote la humildad como un don precioso, necesario.

La Palabra divina, Cristo mismo, se pronuncia con fuerza descubriendo la Verdad, y ésta saca a relucir aquello que somos, nuestra propia nada, el vacío, el pecado. La misma Encarnación del Verbo, que es la gran Palabra pronunciada por el Padre, es Humildad misma que atrae y modifica el alma de quien contempla y se une al Señor.

Pero la Palabra pide silencio: entonces se apodera de nosotros, transformándonos y abriéndonos horizontes impensables.